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13 Esos frikis que corren III (195 metros)

Ahí estábamos Lidia y yo entre unos 16000 ilusos insensatos  dispuestos a empezar un viaje de autosuperación con una mochila cargada de miedo, nervios y ganas, muchas ganas.  Rodeadas de motivados, que igual que nosotras, un día decidieron embarcar e iniciar un viaje cuyo puerto de desembarque  era  el mismo, el arco de meta que teníamos delante. Y digo viaje porque es ahí, en ese momento en que esperas el disparo de salida cuando te das cuenta de que ese día que yo tenía marcado en el calendario, esa aventura que yo esperaba como agua de mayo no empezaba ese tan esperado  12 de marzo. Había empezado el pasado 27 de octubre cuando yo escribí en mi agenda “mi primer maratón” y mi conciencia se encargó de que no pasara desapercibido y le diera  un vuelco a mi vida cotidiana. Y ahí, entre una multitud de ilusos acojonados me estaba dando cuenta de lo que suponía plantarte en esa línea de salida. Llegar hasta ahí no había sido fácil y ahora solo quedaba el tramo final, esos 42 kilómetros y 195 metros que llaman maratón, para mí un gran desconocido al que no sabía si tratar de usted o le podía tutear.

Y con los pelos como escarpias tras escuchar a Montserrat Caballé y a Fredy Mercury dejándose la voz cantando “Barcelona” empecé mi viaje presa de una emoción que aún me invade cada vez que revivo aquel momento.

  • Ve con cuidado Lidia- le dije mientras dábamos “start” al reloj sabiendo que cada una haría el camino a su ritmo.
  • Confía en ti– me dijo.

 Y eso hice, confiar en mí, no me quedaba otra…

Km1_ Ahí estaba yo, sola entre miles de personas. A un kilómetro de la meta pero con 42 kilómetros por medio. Tan cerca y tan lejos como enero y diciembre.

Km2_ Minutos de desorden, los más rápidos adelantan como pueden. Lo más lentos bloquean el paso sin querer, los más impacientes resoplan y los veteranos mantienen la calma.

Km3_  Parece que ya reina la paz en el asfalto.

Km4_ ¡Ya no queda nada! – gritan desde un bar. Un “gallifante” para el primer gracioso del día.

Km5_ Estoy bien

Km6_ ¿Hay mucha humedad o me lo parece a mí?

Km7_ Hay una pareja de amigos a mi derecha que no paran de hablar. ¿Aguantarán así todo el recorrido? La verdad es que mantienen entretenida.

Km8_ Las sensaciones son buenas, cuanta más prisa tenga más largo se hará el camino. – Controla tu ansia- me digo cada vez que sin querer  calculo los kilómetros que faltan.

Km9_ Me pongo los cascos. No ha sido fácil reunir cuatro horas de música vetando el paso a toda canción que no invite a seguir corriendo.

Km10_ Tercer avituallamiento. El trato de los voluntarios es, como siempre, inmejorable. Es inevitable a veces prejuzgar a los desconocidos por su aspecto, su educación o su oficio entre otros factores. ¿Qué puedo decir de alguien dispuesto a madrugar un domingo por la mañana para servir agua, isotónico y frutos secos prestándote la mejor de sus sonrisas? Desde mi punto de vista son unos motivados igual de tarados que los que nos disponemos a correr esos 42 kilómetros, y por eso, se merecen el mejor de mis prejuicios.  Agradecida.

Km11­_ Más de un cuarto ya conquistado ¡Qué el ritmo no pare!

Km12_ Al final de la calle un grupo de espectadores revolucionados gritan un nombre que no logro entender. La chica que corre delante de mí los reconoce y se acerca a ellos chocándoles las manos sonriendo. Una vez los deja atrás su sonrisa sigue adueñada en su cara. He sentido envidia sana.

Km13_ Debería lavar las bambas.

Km14_ La pareja de amigos de mi derecha se ha parado a mear entre unos árboles. Parece que no solo las chicas vamos juntas al baño 😉 Han dejado un gran silencio entre los  corredores que íbamos a su lado.

Km15_ De pronto, un chico que se encuentra varios metros por delante para y sigue caminando tocándose un gemelo. Intenta correr de nuevo pero unos metros después se detiene de nuevo retirándose del recorrido. Le sigo mirando disimuladamente mientras paso de largo y siento que intenta controlar sus lágrimas. Intuyo que era una lesión arrastrada. La tristeza de su cara me ha llegado, me he volcado tanto en poder disfrutar hoy que si algo me impidiera hacerlo sería un golpe duro.

Km16_ Me han invadido recuerdos y no he podido evitar pensar en cómo ha cambiado mi vida estos últimos meses. Me he sorprendido sintiéndome orgullosa de mi evolución personal. Ayer  me agobiaba ver cerrarse puertas en mi vida, hoy sentía una brisa que entraba por un inmenso ventanal.

Km17_ Oigo mi nombre a lo lejos.  Sabía que mi hermano no faltaría pero… ¡Está acompañado! ¡Mis primos han venido a verme! En mi familia somos bastante “descolgados” para estas cosas pero con ellos compartimos esta afición y nos une. ¡Cuánto necesitaba algo así! No tengo palabras.

Km18_ También la sonrisa se ha adueñado de mi cara. Qué bonita es Barcelona.

Km19_ Adelanto a un hombre que carga una enorme Torre Eiffel… “Johnny, la gente está muy loca”.

Km20_ Las piernas empiezan a pesar un poco. En algún momento tenía que empezar la decadencia. Controlo mis ansias.

KM21_ Media maratón. Me pregunto a mí misma si puedo hacer la otra mitad. Sí- pienso-   si logro controlar mi cabeza. ¿Por qué nadie me habló del esfuerzo mental?

Km22_ Paso por la calle de Javier, mi compañero de trabajo, me dijo que estaría pendiente. Lo veo en el giro de la calle mirando concentrado a los corredores, le saludo desde lejos y se vuelve loco dando ánimos durante los 5 segundos en los que me voy acercando hasta pasar de largo. “¡Eres una campeona!” – me grita. Se ha ganado un café.

Km23_ Pienso en Blanca, me dijo que no podría venir. La echo en falta. ¿Cómo estará Lidia? – “Confía en ti” – me dijo. Cómo sabe de qué pie cojeo…. Me sorprende ver a gente ya andando. ¿Piensan llegar así?

Km24_ Pienso en mis padres. Lo harás- me aseguró mi padre. ¿Por qué no vas a poder? Me decía mi madre ayer tras mi llamada histérica presa de los nervios. Confían tanto en mí que olvido durante un rato la opción de no conseguirlo.

Km25_ De pronto un chico con pantalones pitillos, camiseta de ACDC y una larga melena suelta se une a la marcha con sus zapatillas Vans. Sorprende a otro chico con coleta y repleto de tatuajes que corre delante, se saludan con un abrazo sin perder el ritmo. El intruso acompaña un rato a su amigo mientras le habla y 500 metros más tarde se despide de él dándole ánimos. Ha sido bonito ver esta estampa desde atrás. Seguro que ese chico no olvidará nunca este momento, yo tampoco.

Km26_ ¡Ánimo campeona! Me dice una voluntaria al coger la botella. – ¡Gracias!- Le respondo sonriendo.

Km27_ Noto un tirón en la planta del pie, intento seguir apoyando diferente y estirando un poco al mismo tiempo. Me asusto bastante, a veces este dolor me hace parar. Parece que desaparece poco a poco. Ahora cualquier tontería te puede joder la carrera.

Km28_ Estoy un poco aburrida. Me pesan las piernas un poco más. – ¡Muy bien Clara! ¡Hidrátate!- Me dice un señor mayor al tiempo que me reparte una botella de agua. Definitivamente me declaro fan de los voluntarios, me tienen conquistada.

Km29_ Me pongo recta. Creo que llevo un rato corriendo muy encorvada. Se quejan las rodillas.

Km30_ Escucho mi nombre y veo a lo lejos a mi hermano y mis primos otra vez. ¡Qué bien! Empezaba a necesitar otro chute de energía. Compartir una ilusión y sentir como empatizan y se vuelcan contigo es algo muy bonito. Se me nublan los ojos al dejarlos atrás.

Km31_ Siento que empieza un viaje a lo desconocido, kilómetros que nunca he vivido y sensaciones nuevas. Sin querer me planteo que ya solo me quedan 11 kilómetros. Fracaso en mi intento de auto convencerme de que queda poco.

Km32_ Aún me quedan 10 kilómetros y cada vez se me hacen más largos. Mucha gente andando.

Km33_ He perdido el control mental y me invade cada vez más la necesidad de llegar. El positivismo de la gente no encaja con mi estado anímico. Puedo aguantar el dolor que empieza a molestar pero me falta algo, ¿Dónde está esa fuerza que tenía hace un rato?

Km34_ Es eterno.

Km35_ Es eterno.

Km36_ ¿Será esto el tan temido muro?

Km37_ Recupero un poco la calma. No te ansíes- me repito por décimo quinta vez. La pesadez de las piernas no me permite sentirme tranquila y las pulsaciones están subiendo, bajo el ritmo.

Km38_ “Claro que puedes hacerlo,” me dijo mi hermano el día antes sin mostrar ningún tipo de duda. Me emociona que vea tanta fuerza en mí. Una lesión le ha impedido ser un friki más siguiendo la tan estimada línea azul y siento que ha volcado su ilusión en estar conmigo hoy. -Vamos Clara- me digo a mi misma – ¿Qué son cuatro kilómetros después de 38?- No cuela, aún me quedan cuatro kilometrazos.

Km39_ Las piernas me pesan lo que no está escrito. Siento que las zapatillas se pegan en el suelo por la cantidad de isotónico que hay en algunas zonas, me invade la paranoia que cada vez cuesta más despegarlas. ¿Estoy delirando?

Km40_ Me quedan dos kilómetros de subida, estoy muy cansada pero parece que mis piernas me obedecen, solo espero que de repente no decidan dejar de hacerlo. No las tengo todas conmigo.

Km41_ He perdido el control mental y las ansias por llegar hacen que estos kilómetros se me hagan eternos. ¡Eternos! Mis piernas no pueden mantener el ritmo, no les exijo, solo espero que aguanten.

Km42_ No intento recuperar la calma, la doy por perdida. La gente grita “¡Ya lo tenéis!”, “¡Ya es vuestro!” y yo aún tengo mis dudas. Queen me acompaña con “Don`t stop me now”  y por fin veo el arco de meta a lo lejos. Piso el número 42 que hay pintado en el suelo con rabia y cariño, cariño y rabia… no sé lo que siento.

Y 195 metros de crecimiento personal, de refuerzo, de autoestima, de fortaleza. 195 metros en los que por primera vez me dije a misma “¿Ves como sí podías hacerlo?” 195 metros que me enseñaron que cuando luchas por algo se te abre un camino. 195 metros en los que no pensé en esos 42 kilómetros que llevaba en las piernas si no en el compromiso,  la constancia, las batallas ganadas a la pereza y todo lo que conllevaba poder llegar hasta ellos. 195 metros en los que olvidé las dudas y las malas sensaciones. 195 metros de homenaje ¿A quién? A mí ¿Por qué? ¡Porque me lo merezco! Levanté las manos con la fuerza que me quedaba y mientras descubría que puedo lograr más de lo que pienso, que puedo romper muros y conseguir objetivos que un día veía imposibles, cruzaba esa tan deseada meta.

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Y aunque a ojos del resto fui una más en cruzar esa meta, para mí se paró el mundo  y, disculpad mi egocentrismo, me sentí única. Lo había conseguido. Y aunque en mi imaginación meses atrás esa meta la cruzaba pletórica e inmensamente feliz. Debo admitir que de pletórica nada, esa meta la crucé con algo de dolor, con el cuerpo castigado y una mente totalmente agotada, pero feliz, inmensamente feliz.

La distancia reina la llaman, impetuosa, elegante y deseada. Es buena y malvada a la vez,  te castiga si la infravaloras y te deja ser su amante si la sabes entender.  Nos volveremos a ver, lo tengo claro. Y le trataré de usted.

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8 Esos frikis que corren I

Me costaba hablar y había perdido el control de la respiración, las pulsaciones me subían con descaro y sentía la necesidad imperiosa de parar.

– Lidia, baja un poco he perdido el ritmo.

– Ahora no, vamos a adelantar a éste.

Y como si de un acto reflejo se tratara estiramos la espalda, levantamos la cabeza, alargamos la pisada y seguimos corriendo con una energía que pensaba que ya no tenía, como si no existiera el cansancio, como si no nos agobiara el calor de correr en verano, cómo si no conociéramos el sufrimiento, toda una farsa. Pasamos de ser dos agotados Gremlins mojados a correr con el entusiasmo de Forrest Gump. Y cuando nos acercamos a la presa miramos hacia el horizonte cómo si estuviéramos metidas en nuestros pensamientos pero por el rabillo del ojo observamos la cara y la forma de correr del “runner” con el que nos cruzamos. Siempre me pregunto si el resto de corredores harán lo mismo cada vez que se cruzan con otro. Y es que en el “running”, como en la vida, no te puedes guiar por lo que ves ni por lo que oyes, cada corredor es un mundo. Están lo que van siempre dándolo todo, los que hacen más de lo que cuentan y los que cuentan más de lo que hacen, los que enseguida sufren y los que parece que nunca lo hagan, los que paran en los semáforos o los que siguen dando saltitos hasta que se pone en verde, podría hacer una amplia y simpática lista de características. Yo soy de las que no sale sin haber desayunado antes, de las que la emoción hace que el pulsómetro se dispare antes de empezar una carrera, de las que en los últimos kilómetros se maldice y se pregunta mil veces “¿Por qué coño corro si lo paso fatal?, de las que tras cruzar la meta levanta la cabeza y busca miradas de complicidad y satisfacción entre los participantes porque solo nosotros sabemos lo que cuesta llegar allí.

– Oye Clara, ¿Y tú cómo vas?

– Había perdido el ritmo pero parece que ahora lo he vuelto a recuperar, puedo seguir así – le respondí.

– Jajaja ¡Qué cómo estás de lo tuyo! Tras saber que él está con…

– Había perdido el ritmo pero lo he vuelto a recuperar puedo seguir así – le respondí de nuevo, dando un vuelco al sentido de la frase.

Una pérdida de ritmo, un tropezón, una lesión,… al final todo se resume en eso, en superar los baches y seguir. Nadie sabe mejor que tú lo que cuesta seguir tras algún “parón” pero al final debemos reconocer que solo es un “parón”, y aunque se haya convertido en los peores meses de tu vida solo es un “parón”. Tras la recuperación del mismo siempre podrás seguir adelante, siempre. Me cabrea pensar en los meses que he estado perdida y sin ganas de nada -“Solo ha sido un parón Clara” – me tengo que recordar a menudo para aliviar la culpabilidad que aún me acompaña en ocasiones.

– Siento no haberte preguntado antes, me lo contó Blanca ayer, no sabía nada… – me dijo Lidia raramente tímida.

– Lo sé Lidia, no te dije nada porque ya te he rayado bastante y no le quiero dar más vueltas – mentí y ella lo sabía.

Desde que conozco a Lidia nos ha presentado a dos parejas. Víctor, estudiante de Administración y Dirección de Empresas. Un niño de papá que no sabía lo que era tener que trabajar para sobrevivir, un repelente. Y Álex, cocinero en un hotel, educado, alegre, tan humilde, tan sencillo… Álex murió en un accidente de coche cuando llevaban año y medio juntos. Fue una época horrible para Lidia, entenderás que me siento ridícula contándole que se me ha parado el mundo porque el desgraciado de mi ex está con otra. No fue esto lo que la convirtió en una borde adorable, ya era borde mucho tiempo antes, pero sí es lo que mantiene su corazón cerrado. Seguimos corriendo en silencio, yo sabía que ella sabía que yo evitaba contarle muchas de mis rayadas. Pero lo que ella no sabía y yo acababa de descubrir era que realmente ya no quería darle más vueltas a lo mío, me daba igual. Y seguimos corriendo.

Hace unos años entre la gente de mi generación la vida en Facebook era mostrar la fiesta que te metías cada fin de semana, aumentaban los “likes” si en la foto te estabas bebiendo un chupito de Tequila, más si era de Jägermeister, si la foto era entre semana eras la ostia y si encima entre el grupillo estaba el camello del barrio ya eras el “puto amo”, triste pero cierto. Seguir esa moda me estaba jodiendo todos los domingos además del hígado de modo que aflojé tanto que ahora cada vez que salgo necesito 3 días de recuperación como mínimo. Hoy, me declaro fan incondicional del postureo saludable que abunda en las redes, del que corre, del que va en bici, de la que hace yoga, del que come sano, del que está en la piscina, en el parque, en el gimnasio… bueno no, el postureo de gimnasio me saca de quicio.

Para muchos seremos “esos locos que corren”, los de la moda del “running”, esos pringados que ya no conciben levantarse a las 11 de la mañana un domingo. Pero hay algo más detrás de ese friki vestido de Kalenji. Hay un ejemplo de motivación y fuerza de voluntad. Hay una persona que se calza unas zapatillas mínimo 3 veces a la semana por un objetivo. Unos se pegan el madrugón antes de ir al trabajo, otros sacan la motivación de donde pueden al volver de la oficina con más ganas de tirarse en el sofá que de ponerse las mallas, otros apmario-2rovechan que su hijo tiene natación y saltan al ruedo con el tiempo justo pero suficiente y así cada uno busca tiempo en su día a día para dedicarse, para recordarse a uno mismo que sus ilusiones también son importantes y cuidarse merece un hueco en esas apretadas agendas. Ese friki vestido de fosforito que se pone a tu lado en el semáforo lleno de sudor mirando su reloj seguramente se acueste muchos días con dolor en los gemelos, en los pies o en las espalda pero no se plantea pedirse una baja, se cuida porque quiere, porque necesita estar bien cuanto antes. Ese friki que habla de entrenos de 5×500 de 3×3000, que no sé qué dice de recuperación, de series, de media de 5, ese experto en matemáticas tiene hijos y están creciendo viendo como sus padres dedican tiempo a cuidarse sea de la forma que sea, y ellos de mayores sabrán qué hacer deporte no es un capricho, ni una moda, es algo que forma parte de sus vidas. Ese friki obsesionado con el tiempo y la distancia al volver de una carrera sus padres le preguntan – ¿Has ganado hij@? Y responde que no con timidez al tiempo que celebra interiormente y en solitario que ha hecho su mejor marca pero ellos no entenderían porque se alegra tanto si ha quedado en el puesto 6.851. Ese motivado organiza su vida para lograr su objetivo, para unos será simplemente socializar, otros quieren mantenerse en forma, otros ser más rápidos, perder peso, un maratón, es una simple meta pero un gran paso de superación para los que la cruzan.

No sé cuándo empecé a formar parte de esta secta de corredores, pero aunque muchos no lo entiendan es curioso cómo nos empuja a afrontar retos dentro y fuera del asfalto. Que no, no siempre es divertido, pierdes el ritmo, te lesionas, caes, crees que no puedes seguir pero si todo fuera fácil no sería lo mismo. Y con ello aprendes que en la vida las cosas funcionan igual, funcionamos por objetivos, metas, sueños. En ocasiones vamos a destajo y nuestro cuerpo y mente nos avisan que no podemos seguir así y debemos bajar el ritmo, a veces incluso parar. Pero lo más importante es tener un objetivo, un sueño y no perderlo nunca de vista porque sólo tú sabes lo importante que será cruzar la meta.

Bueno, y después de ésta reflexión tan profunda debo admitir que Lidia me tiene “hasta los cojones” con la preparación del Maratón. Tengo los gemelos que para estirarlos les tengo que pedir permiso, ¿Ejercicios de fuerza? Youtube se ha convertido en mi mejor amigo, ahora sigo a todos los “runners” de Instagram y cotilleo sus entrenos y sus tiempos, si vieran los míos pensarían que voy andando. Ya no me quedan excusas para los días que llego cansada a casa y pagaría por saltarme el entreno y tirarme en el sofá viendo First Dates de principio a fin, y eso de que el domingo es el día de descanso ha perdido todo el sentido. Sí, soy de esas “runners” quejicas pero debo admitir que, a pesar de todo el esfuerzo, esta ilusión me ayuda a desconectar y me hace sentir muy bien.

¿Y tú? ¿Con qué te ilusionas?

final 5

5 La dama de hierro

Últimamente los días han ido pasando sin más. Nada bueno, nada malo, todo neutro, todo gris, todo vacío. Estoy mejor, ya no hay llantos de desespero, ni tardes tirada en la cama dejando que pasen las horas sin más. Ya no hay recuerdos que me cambien la cara, ni miedo a que me pregunten como estoy. Ya no espero una llamada que haga que todo vuelva como antes. Ahora estoy en una mudanza mental en la que aún me queda alguna caja por cerrar y muchas de ellas por abrir. Tengo un puñado de ilusiones atascadas pero me faltan las ganas, que aún no se atreven afinal 5 salir.

Hoy me disponía a tomar el segundo café de la mañana cuando me he dado cuenta que en la puerta asomaba una carta. Puesto que vivo en un 4º sin ascensor, que sumando el entresuelo es como si fuera un 5º, he descartado que el  cartero tuviera ese detalle, por lo que me he empezado a cagar en mis vecinos antes de tiempo ¿De qué se quejarán éstos ahora? Pensaba mientras la abría. Esa carta, ese trozo de papel doblado, ese sobre blanco para muchos insignificante, llegaba en el momento adecuado y quién la dejó ahí lo sabía…

Se ha demostrado que la memoria graba más intensamente aquellos recuerdos que arrastran una carga emocional intensa. No recuerdo exactamente cuántos años han pasado de aquel día, quizá once, doce, creo que más. Recuerdo perfectamente que era jueves, que las noticias se centraban en la campaña electoral,  y que esa mañana escuché por primera vez la canción “Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio”, como para olvidarla, madre mía… aún me pregunto si Laura se casó o seguirá siendo virgen. Llegaba tarde a un cursillo de inglés al que me había apuntado y justo ese día teníamos que hablar sobre cómo organizaríamos un negocio con cada uno de los compañeros como empleados. Éramos un grupo reducido pero aún no nos había dado tiempo a conocernos mucho, no recordaba los nombres de la mitad pero a pesar de que siempre he sido bastante cortada, me esforzaba en darme a conocer tímidamente. No obstante, mi experiencia hasta el momento me había dejado claro que todo grupo se divide en “el líder”, “los que le siguen” y “el resto”, y como no, yo siempre  he sido muy fiel “al resto”.  Aquel día respiré tranquila cuando al profesor anunció que Paula, iba a exponer la última y los demás lo haríamos en la próxima clase.

Paula, cuanto veneno escupía aquella víbora. Con Paula ya había coincidido dos años atrás en el primer nivel cuando ambas  vivíamos en plena adolescencia, ella vivía en su nube rosa de “soy la más guapa y la más lista” y yo vivía en mi submarino amarillo de  “yo soy normal pero lo superaré”. Ella siempre era la dueña de todas las aportaciones,  de los halagos del profesor, era la más simpática, la más graciosa… No conforme también con haberse ligado al guapito de la clase, tenía que ir machacando sutilmente a aquellos que no le lamíamos el culo. Y ahí estaba yo, nunca le reí una gracia, es cierto, pero es que nunca me hizo gracia. Era como en las series americanas, yo debía rondar los diecisiete años y ella era algo más joven, éramos algo mayorcitas para jugar a Gossip Girl pero aquello no se convirtió en una jaula de lobas porque yo no podía reaccionar ante sus ataques, me limitaba a bajar la mirada. Después en casa me repetía delante del espejo lo que me hubiera gustado decirle pero nunca tuve el valor de contestarle. Respiré tranquila cuando acabó el curso. Tras comprobar dos años más tarde que Paula estaba en mi clase de nuevo no me preocupé puesto que había pasado tiempo, e igual que yo sentía que había cambiado, confiaba en que ella también lo habría hecho. Que optimista, dos años después seguía siendo la misma “bicha mala” que siempre y yo seguía sufriendo sus ataques en silencio, como se sufren las almorranas.

No recuerdo en qué consistía el negocio que expuso Paula, de hecho, siempre me costaba entenderla pero si entendí perfectamente  a Jeffrey, el nativo que nos daba clase, cuando le preguntó al finalizar su exposición del negocio:

  • What about Clara’s position in your company plan? (¿Qué hay de Clara en tu plan de negocio?)- dijo Jeffrey.
  • Oh, I forgot that! She is too quiet and lacks character. I need enthusiastic and awake people. I would rather do not work with her for the moment, maybe in the future. (Oh, la olvidé. Ella es demasiado parada y sin personalidad. Yo necesito gente activa y motivada. Prefiero no trabajar con ella por ahora, quizá en un futuro) – contestó ella sin dejar de sonreír.

Y se quedó tan ancha. Se hizo un silencio incómodo en aquella aula, ni Jeffrey supo que decir ante semejante escupitajo en la cara. Ahora lo recuerdo con humor pero menuda hija de la gran…

Una voz dos filas atrás rompió el silencio:

  • What Juan says about Pedro, it says more about Juan than about  Pedro (Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro) – dijo una chica de tez pálida que siempre se sentaba dos filas atrás.
  • Pedro? Who is Pedro? (¿Pedro? ¿Quién es Pedro?)- preguntó Jeffrey aún más descolocado.

Y aquella chica de tez pálida, de la que nadie recordaba el nombre, se hizo con las sonrisas de complicidad del resto de compañeros. Excepto de Paula, que intentó mostrar cara de indiferencia y Jeffrey, que no entendía nada. A partir de aquel día aquella paliducha se convirtió sin querer en la nueva líder de la clase, y Paula aunque en ocasiones seguía mostrando lo mucho que me quería, solo era una más. A pesar del cambio de roles que hubo en el aula, yo continué con el mío, el de “el resto”, con el que siempre me he sentido más cómoda.

Al terminar la clase me acerqué a aquella chica para agradecerle su muestra de apoyo.

  • Gracias por romper el hielo, me he quedado bloqueada. Soy Clara – le dije.
  • Hiciste bien en callarte Clara, a la “diva” esa le falta un hervor. Mi nombre es Lidia – contestó.

Y así fue como la caucásica llegó a mi vida. Lidia es una chica difícil, como te puedes imaginar, no es el muro de piedra que aparenta ser, es solo un rol que le permitimos llevar. Lidia ha tenido, y tiene, muchas fragilidades que esconde como si fueran pecados capitales, y es importante saber que cajones puedes abrir y cuáles no. Hace unos 4 años viví con ella una de las épocas más duras de su vida y aún me estremezco cuando recuerdo como esa “dama de hierro” que parece que no se puede romper, se desquebrajaba en mil pedazos al mismo tiempo que iba sacando el dolor con su sarcasmo, “maldita vida Clara, menuda broma más pesada” me decía entre lágrimas muchos de aquellos días. Me pareció buena idea convencerla para que se viniera a correr conmigo algunos días y así fue como conseguí que se aficionara al “atletismo de los domingueros” como lo llamamos nosotras, “el running” para la sociedad actual. Empezamos a vivir juntas momentos muy bonitos, nuestra primera carrera juntas, nuestras mejores marcas, nuestra primera medio maratón. Cuánto sufrimos aquel día, cuantas veces pensé en abandonar: -Voy a parar Lidia, no puedo más- le decía.  – Como dejes de mover el culo te doy un soplamocos que llegas a meta en tiempo record – me respondía entre bocanadas de aire. Cuanto lloramos al llegar. Hemos seguido corriendo todos estos años, y tras una sobredosis de endorfinas, nos prometimos correr juntas la distancia reina algún día. Durante unos meses parecía que íbamos por buen camino pero a mí me empezaron a ir mal las cosas, me pasaba el día en el trabajo y al llegar no me sentía motivada para salir a entrenar, mi relación empezaba a flojear, empecé a centrarme en otros temas y debo reconocer que dejé a Lidia algo abandonada en esta ilusión, algo que también la desmotivó a ella.

Abrí el sobre medio dormida, casi segura que sería alguna queja de los vecinos. Cuál fue mi sorpresa cuando me encontré la siguiente nota:

Por las veces en las que has estado ahí conmigo he decidido regalarte un objetivo, una meta, algo por lo que luchar. Para que te des cuenta de lo importante que es tener un horizonte hacia el que mirar. Para aliviarte un poco de ese vacío que siempre me dices que tienes. Y porque te estás volviendo una vaga.

Lidia

Y ahí estaba yo, sonriendo entre lágrimas con la inscripción de mi primer maratón en la mano. Me sorprendió su osadía con algo que ella sabía que para mí era tan serio, pero es cierto que es un buen momento y tengo tiempo suficiente para luchar por la ilusión que un día dejé a medias.

Y en ese momento me di cuenta de que hace días que el amor ya no me duele, pero esta sensación de vacío es muy molesta. Debería empezar a abrir cajas y elegir como quiero llenar mi nueva vida.

P.D: Discúlpame si te  pasas el día cantando “Amo a Laaauraaa, pero esperaré hasta el matrimonioooo”, es de esas malditas canciones pegadizas que solo puedes olvidar si la sustituyes por otra.

mod 1 - copia

2 Por favor, llamen a un exorcista…

  • Buenos días, ¿Cómo éstas?

Pues mira, ya que lo preguntas, estoy hecha  una mierda. Ya iba yo un poco perdida por la vida y va y me deja el novio, no lo llevo muy bien que se diga. Me cuesta dormir más de dos horas seguidas, tengo el estómago cerrado y no tengo ganas de hablar con nadie. Me paso mi tiempo libre en casa: ¿Haciendo qué? Haciendo nada. Pero es lo único que tengo ganas de hacer, nada. Le hubiera contestado ésto pero…

  • Bien, gracias. Póngame una de cuarto, por favor.

 

Ha sido un mes duro. Agradezco no haber tenido a nadie detrás que me empujara a hablar o hacer cosas. He tenido la inmensa necesidad de estar sola, de no hablar si  no me apetece, de no comerme el plato entero si “no me entra”, no coger el teléfono y mentir con un simple “estoy bien no te preocupes”, no quería nada de todo eso. Por ello, gracias mamá por los tuppers pero lo siento, no me cabía tanto amor en forma de comida y se me han puesto malos la mitad, estoy preparada para que me digas “estás demasiado delgada” cuando me veas. Gracias papá por enviarme fotos chorras y chistes malos al móvil a pesar de saber que no me iba a reír con ninguno, pero has estado ahí. Es cierto que recibir llamadas de mis más allegados me ha dado una dosis de fuerza y ternura que he necesitado. Es cierto que no les he cogido el teléfono, pero ya sabía para que llamaban y ellos sabían lo que les iba a decir: “Estoy bien, no te preocupes” y ellos me dirían “el tiempo lo cura todo”, “tu vales mucho” y “eres muy fuerte”. Si me vieran tirada en la cama con los ojos hinchados y rojos y un pesimismo que se puede tocar, no se atreverían a decirme todo eso, sería más un… ¿Llamamos a un exorcista?

En algunos momentos no he tenido fuerzas para hablar sin lmod 1 - copia 1lorar a moco tendido cada vez que pronuncio su nombre, que recuerdo situaciones, que entro en casa, que sin querer hablo en plural, que veo el mando de la tele, que me rasco un codo, que veo el microondas, que me rasco la nalga, que compro pan, que se me cae el café,  que veo una serie, que cambio de canal, que me rasco la nalga otra vez, que miro el teléfono. ¡Aix! Mirar el teléfono que duro es…

Mi amiga Lidia se encargó de que él hiciera la mudanza lo antes posible, yo estoy todo el día en el trabajo y no quería que esto se alargara más de la cuenta, más adelante ya cerraré todo lo que queda. Las primeras semanas Lidia no ha osado en preguntarme nada sobre lo que ha pasado, quién ha tomado la decisión, cómo hemos acabado… ¡Nada! Lidia, mi caucásica preferida como yo la llamo, mi querida Lidia, que dura es a veces, y como me gusta que sea así. Ya ha usado esta técnica en otras ocasiones, son las “Bases para la estabilidad emocional de Lidia”. Ésta la explica así: “Yo no merezco tener que vivir el primer mes de ruptura de nadie, no se dice ni se hace nada con sentido y toda conversación con la víctima es incoherente y aburrida para el oyente”, ella es así de “cariñosa”. Hay gente que no ve más allá y solo encuentra en ella la frialdad personificada, es cierto, es fría pero yo me pregunto, y créeme, lo he hecho varias veces: ¿Qué  prefiero? Alguien que me acompañe en mis lamentos  y sin querer me anime a seguir revolcándome entre mi propia pena o alguien que me mantiene despierta y amenaza con darme un “soplamocos” si caigo. Vale, son necesarias las dos, pero de las segundas quedan pocas, ¡Tenemos que cuidarlas como al lince ibérico por Dios!

El Señor Facebook me sigue preguntando en qué pienso. ¡Menudo h*** de p***! En eso pienso, ¡En un grandísimo h*** de p***! Lamento ser tan mal educada pero me estoy permitiendo odiarle, así lo llevo mejor. Y este señor, si se le puede llamar así, además de preguntarme cada vez que me conecto “¿En qué estás pensando?”, me cuenta y me enseña lo bien que se lo está pasando el susodicho con los amigos, es aquí cuando te enfrentas al poco tacto de una red social. Deberían programarlo de tal forma que si Fulanito ha cambiado su estado de “relación con Fulanita” y ha puesto “soltero”, ¡¡Coño!! ¡¡No dejes que Fulanito y Fulanita sigan siendo amigos!! Deberían restringir esa conexión durante cierto tiempo. Y tú estarás pensando que es tan fácil como que Fulanita elimine a Fulanito de su lista de amigos, por ejemplo. Yo, en nombre de Fulanita, te digo: No puedo. Lo he intentado pero no puedo, una fuerza desconocida me lo impide… Me gusta auto flagelarme, ¿Algún problema? ( *_* )

Me cuesta afirmarlo pero estaba en la fase de “verte feliz no me hace feliz, verte feliz me da rabia”. Lo típico de “te deseo lo mejor”, una de las mentiras más utilizadas en esta fase de reconstrucción, ¡Qué mentira más grande! ¿Te deseo lo mejor? Lo que te deseo es que te ataque un virus en el intestino y te pases un mes con diarrea sin poder alejarte dos metros de un váter, eso me ayudaría un poco a sobrellevar la situación.

Sigue doliendo.

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1 Sobre mí

Mi nombre es Clara, ya he cruzado la barrera de los treinta y no tengo nada de aquello que la sociedad insinuó que me haría feliz: no tengo “el trabajo de mi vida”, no estoy casada, vivo de alquiler y no tengo hijos. No me suelen preocupar los convencionalismos sociales pero coño, ¡No doy ni una!

Según Wikipedia el año en que nací fue “un año normal comenzado en martes”, “el año del buey en el horóscopo chino” y declarado el año “Internacional de la Juventud” por la Organización de las Naciones Unidas. Para mí, el año en que Shigen Miyamoto lanzó al mercado el personaje de Mario Bros, un fontanero barrigón con el que me siento muy identificada en ocasiones.

Me hubiera gustado que mi presentación fuera diferente, algo bonito, con  buen rollo y optimismo, de esas que cuando las lees piensas: “¡Qué tia!”, “¡Qué personalidad!”, “¡Qué claro lo tiene todo!”. De esas personas que o admiras o te dan rabia. Disculpa si te decepciono pero soy una chica bastante corriente, de las que lloran y se les hinchan los ojos, de las que se equivocan, de las que se preocupan por nada, que hacen mucho de un poco y estallan cuando cae la última gota y rebosa el vaso. De las que aprenden de los errores, de las que necesitan hablar para desahogarse, de las que quieren tantas cosas en la vida que no saben lo que quieren. Y como no, de las que se han caído tantas veces, que saben que levantarse es la única opción y solo es cuestión de tiempo y actitud.  No obstante, te puedes meter en mi perfil de Instagram y verás mi vida en “versión feliz”. Mi vida en Instagram es genial, siempre estoy activa, soy bastante natural, creativa y siempre tengo sentido del humor. Pero oye, ¿A quién no le gusta ponerse filtros y dar una versión bonita en las redes sociales? ¿La realidad? Llevo  más de un año convertida en una Zombie a lo Walking Dead y me ha tenido que dejar mi pareja para darme cuenta de que mi relación hacía tiempo que estaba muerta.

Ya puedo decir oficialmente que estoy soltera, que vivo sola en un piso situado en un barrio relativamente tranquilo en Barcelona, y que en estos momentos cuando el señor Facebook me pregunta ¿En qué estás pensando? Me parece un “metomentodo” que lo único que quiere es meter el dedo en la llaga, y consigue sacarme unas lágrimas.

Se venía cociendo unos meses atrás y era de cajón que cuando una pareja ya no funciona el que está más fuerte suele dar el paso, yo en esos momentos era de todo menos fuerte… y duele… ¡Cómo duele! A pesar de que se veía venir, me cegué pensando que todo cambiaría, típica jugarreta que te gastan los sentimientos. Nota mental: Cuando algo te dice que la cosa no va bien… Confía más en la razón que en el corazón, éste último suele perder la cordura. Pasa mucho, nos encabezonamos en buscar el camino de la felicidad por el “camino derecho” y día tras día te vas dando cuenta de que no es por ahí, pero sientes que es tarde para desandar lo andado, que probar otro camino ahora no es lo que toca, que tú quieres seguir por el derecho  no sabes porque, pues porque: “Por mis huevos”, si empecé por el camino derecho,  ¡acabaré por el derecho! Y así somos, y luego nos preguntamos ¿Qué he hecho yo para acabar así? -¿Qué, que has hecho? No escucharte y seguir por el camino derecho, ¡gilipollas!

Me gustaría contarte algo más de mí pero en estos momentos mis pensamientos se han convertido en mis peores enemigos y no hacen más que recordarme la gran frase, LA FRASE, que según él respondía a todos mis “porqués”. Ese conjunto de palabras ordenadas sintácticamente con el objetivo de dar, en este caso, un sentido triste y doloroso que me iba a cambiar la vida; “Clara, es lo mejor para los dos, espero que lo entiendas”. ¿Qué si duele? Como si te quitaran una muela sin anestesia, con un tirón brusco para sacarla y al no poder salir de golpe te van  tirando de vez en cuando intentando arrancarla definitivamente, pero no quiere salir y siguen tirando… ¡Ya paro! Vale, no me duele tanto, pero me duele diferente.

Aquí te he dejado un trocito de mí y de mi vida. Dame tiempo que la herida aún escuece, pero me levantaré no lo dudes, ya lo he hecho otras veces.  ¿Me acompañas?  principal