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8 Esos frikis que corren I

Me costaba hablar y había perdido el control de la respiración, las pulsaciones me subían con descaro y sentía la necesidad imperiosa de parar.

– Lidia, baja un poco he perdido el ritmo.

– Ahora no, vamos a adelantar a éste.

Y como si de un acto reflejo se tratara estiramos la espalda, levantamos la cabeza, alargamos la pisada y seguimos corriendo con una energía que pensaba que ya no tenía, como si no existiera el cansancio, como si no nos agobiara el calor de correr en verano, cómo si no conociéramos el sufrimiento, toda una farsa. Pasamos de ser dos agotados Gremlins mojados a correr con el entusiasmo de Forrest Gump. Y cuando nos acercamos a la presa miramos hacia el horizonte cómo si estuviéramos metidas en nuestros pensamientos pero por el rabillo del ojo observamos la cara y la forma de correr del “runner” con el que nos cruzamos. Siempre me pregunto si el resto de corredores harán lo mismo cada vez que se cruzan con otro. Y es que en el “running”, como en la vida, no te puedes guiar por lo que ves ni por lo que oyes, cada corredor es un mundo. Están lo que van siempre dándolo todo, los que hacen más de lo que cuentan y los que cuentan más de lo que hacen, los que enseguida sufren y los que parece que nunca lo hagan, los que paran en los semáforos o los que siguen dando saltitos hasta que se pone en verde, podría hacer una amplia y simpática lista de características. Yo soy de las que no sale sin haber desayunado antes, de las que la emoción hace que el pulsómetro se dispare antes de empezar una carrera, de las que en los últimos kilómetros se maldice y se pregunta mil veces “¿Por qué coño corro si lo paso fatal?, de las que tras cruzar la meta levanta la cabeza y busca miradas de complicidad y satisfacción entre los participantes porque solo nosotros sabemos lo que cuesta llegar allí.

– Oye Clara, ¿Y tú cómo vas?

– Había perdido el ritmo pero parece que ahora lo he vuelto a recuperar, puedo seguir así – le respondí.

– Jajaja ¡Qué cómo estás de lo tuyo! Tras saber que él está con…

– Había perdido el ritmo pero lo he vuelto a recuperar puedo seguir así – le respondí de nuevo, dando un vuelco al sentido de la frase.

Una pérdida de ritmo, un tropezón, una lesión,… al final todo se resume en eso, en superar los baches y seguir. Nadie sabe mejor que tú lo que cuesta seguir tras algún “parón” pero al final debemos reconocer que solo es un “parón”, y aunque se haya convertido en los peores meses de tu vida solo es un “parón”. Tras la recuperación del mismo siempre podrás seguir adelante, siempre. Me cabrea pensar en los meses que he estado perdida y sin ganas de nada -“Solo ha sido un parón Clara” – me tengo que recordar a menudo para aliviar la culpabilidad que aún me acompaña en ocasiones.

– Siento no haberte preguntado antes, me lo contó Blanca ayer, no sabía nada… – me dijo Lidia raramente tímida.

– Lo sé Lidia, no te dije nada porque ya te he rayado bastante y no le quiero dar más vueltas – mentí y ella lo sabía.

Desde que conozco a Lidia nos ha presentado a dos parejas. Víctor, estudiante de Administración y Dirección de Empresas. Un niño de papá que no sabía lo que era tener que trabajar para sobrevivir, un repelente. Y Álex, cocinero en un hotel, educado, alegre, tan humilde, tan sencillo… Álex murió en un accidente de coche cuando llevaban año y medio juntos. Fue una época horrible para Lidia, entenderás que me siento ridícula contándole que se me ha parado el mundo porque el desgraciado de mi ex está con otra. No fue esto lo que la convirtió en una borde adorable, ya era borde mucho tiempo antes, pero sí es lo que mantiene su corazón cerrado. Seguimos corriendo en silencio, yo sabía que ella sabía que yo evitaba contarle muchas de mis rayadas. Pero lo que ella no sabía y yo acababa de descubrir era que realmente ya no quería darle más vueltas a lo mío, me daba igual. Y seguimos corriendo.

Hace unos años entre la gente de mi generación la vida en Facebook era mostrar la fiesta que te metías cada fin de semana, aumentaban los “likes” si en la foto te estabas bebiendo un chupito de Tequila, más si era de Jägermeister, si la foto era entre semana eras la ostia y si encima entre el grupillo estaba el camello del barrio ya eras el “puto amo”, triste pero cierto. Seguir esa moda me estaba jodiendo todos los domingos además del hígado de modo que aflojé tanto que ahora cada vez que salgo necesito 3 días de recuperación como mínimo. Hoy, me declaro fan incondicional del postureo saludable que abunda en las redes, del que corre, del que va en bici, de la que hace yoga, del que come sano, del que está en la piscina, en el parque, en el gimnasio… bueno no, el postureo de gimnasio me saca de quicio.

Para muchos seremos “esos locos que corren”, los de la moda del “running”, esos pringados que ya no conciben levantarse a las 11 de la mañana un domingo. Pero hay algo más detrás de ese friki vestido de Kalenji. Hay un ejemplo de motivación y fuerza de voluntad. Hay una persona que se calza unas zapatillas mínimo 3 veces a la semana por un objetivo. Unos se pegan el madrugón antes de ir al trabajo, otros sacan la motivación de donde pueden al volver de la oficina con más ganas de tirarse en el sofá que de ponerse las mallas, otros apmario-2rovechan que su hijo tiene natación y saltan al ruedo con el tiempo justo pero suficiente y así cada uno busca tiempo en su día a día para dedicarse, para recordarse a uno mismo que sus ilusiones también son importantes y cuidarse merece un hueco en esas apretadas agendas. Ese friki vestido de fosforito que se pone a tu lado en el semáforo lleno de sudor mirando su reloj seguramente se acueste muchos días con dolor en los gemelos, en los pies o en las espalda pero no se plantea pedirse una baja, se cuida porque quiere, porque necesita estar bien cuanto antes. Ese friki que habla de entrenos de 5×500 de 3×3000, que no sé qué dice de recuperación, de series, de media de 5, ese experto en matemáticas tiene hijos y están creciendo viendo como sus padres dedican tiempo a cuidarse sea de la forma que sea, y ellos de mayores sabrán qué hacer deporte no es un capricho, ni una moda, es algo que forma parte de sus vidas. Ese friki obsesionado con el tiempo y la distancia al volver de una carrera sus padres le preguntan – ¿Has ganado hij@? Y responde que no con timidez al tiempo que celebra interiormente y en solitario que ha hecho su mejor marca pero ellos no entenderían porque se alegra tanto si ha quedado en el puesto 6.851. Ese motivado organiza su vida para lograr su objetivo, para unos será simplemente socializar, otros quieren mantenerse en forma, otros ser más rápidos, perder peso, un maratón, es una simple meta pero un gran paso de superación para los que la cruzan.

No sé cuándo empecé a formar parte de esta secta de corredores, pero aunque muchos no lo entiendan es curioso cómo nos empuja a afrontar retos dentro y fuera del asfalto. Que no, no siempre es divertido, pierdes el ritmo, te lesionas, caes, crees que no puedes seguir pero si todo fuera fácil no sería lo mismo. Y con ello aprendes que en la vida las cosas funcionan igual, funcionamos por objetivos, metas, sueños. En ocasiones vamos a destajo y nuestro cuerpo y mente nos avisan que no podemos seguir así y debemos bajar el ritmo, a veces incluso parar. Pero lo más importante es tener un objetivo, un sueño y no perderlo nunca de vista porque sólo tú sabes lo importante que será cruzar la meta.

Bueno, y después de ésta reflexión tan profunda debo admitir que Lidia me tiene “hasta los cojones” con la preparación del Maratón. Tengo los gemelos que para estirarlos les tengo que pedir permiso, ¿Ejercicios de fuerza? Youtube se ha convertido en mi mejor amigo, ahora sigo a todos los “runners” de Instagram y cotilleo sus entrenos y sus tiempos, si vieran los míos pensarían que voy andando. Ya no me quedan excusas para los días que llego cansada a casa y pagaría por saltarme el entreno y tirarme en el sofá viendo First Dates de principio a fin, y eso de que el domingo es el día de descanso ha perdido todo el sentido. Sí, soy de esas “runners” quejicas pero debo admitir que, a pesar de todo el esfuerzo, esta ilusión me ayuda a desconectar y me hace sentir muy bien.

¿Y tú? ¿Con qué te ilusionas?