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13 Esos frikis que corren III (195 metros)

Ahí estábamos Lidia y yo entre unos 16000 ilusos insensatos  dispuestos a empezar un viaje de autosuperación con una mochila cargada de miedo, nervios y ganas, muchas ganas.  Rodeadas de motivados, que igual que nosotras, un día decidieron embarcar e iniciar un viaje cuyo puerto de desembarque  era  el mismo, el arco de meta que teníamos delante. Y digo viaje porque es ahí, en ese momento en que esperas el disparo de salida cuando te das cuenta de que ese día que yo tenía marcado en el calendario, esa aventura que yo esperaba como agua de mayo no empezaba ese tan esperado  12 de marzo. Había empezado el pasado 27 de octubre cuando yo escribí en mi agenda “mi primer maratón” y mi conciencia se encargó de que no pasara desapercibido y le diera  un vuelco a mi vida cotidiana. Y ahí, entre una multitud de ilusos acojonados me estaba dando cuenta de lo que suponía plantarte en esa línea de salida. Llegar hasta ahí no había sido fácil y ahora solo quedaba el tramo final, esos 42 kilómetros y 195 metros que llaman maratón, para mí un gran desconocido al que no sabía si tratar de usted o le podía tutear.

Y con los pelos como escarpias tras escuchar a Montserrat Caballé y a Fredy Mercury dejándose la voz cantando “Barcelona” empecé mi viaje presa de una emoción que aún me invade cada vez que revivo aquel momento.

  • Ve con cuidado Lidia- le dije mientras dábamos “start” al reloj sabiendo que cada una haría el camino a su ritmo.
  • Confía en ti– me dijo.

 Y eso hice, confiar en mí, no me quedaba otra…

Km1_ Ahí estaba yo, sola entre miles de personas. A un kilómetro de la meta pero con 42 kilómetros por medio. Tan cerca y tan lejos como enero y diciembre.

Km2_ Minutos de desorden, los más rápidos adelantan como pueden. Lo más lentos bloquean el paso sin querer, los más impacientes resoplan y los veteranos mantienen la calma.

Km3_  Parece que ya reina la paz en el asfalto.

Km4_ ¡Ya no queda nada! – gritan desde un bar. Un “gallifante” para el primer gracioso del día.

Km5_ Estoy bien

Km6_ ¿Hay mucha humedad o me lo parece a mí?

Km7_ Hay una pareja de amigos a mi derecha que no paran de hablar. ¿Aguantarán así todo el recorrido? La verdad es que mantienen entretenida.

Km8_ Las sensaciones son buenas, cuanta más prisa tenga más largo se hará el camino. – Controla tu ansia- me digo cada vez que sin querer  calculo los kilómetros que faltan.

Km9_ Me pongo los cascos. No ha sido fácil reunir cuatro horas de música vetando el paso a toda canción que no invite a seguir corriendo.

Km10_ Tercer avituallamiento. El trato de los voluntarios es, como siempre, inmejorable. Es inevitable a veces prejuzgar a los desconocidos por su aspecto, su educación o su oficio entre otros factores. ¿Qué puedo decir de alguien dispuesto a madrugar un domingo por la mañana para servir agua, isotónico y frutos secos prestándote la mejor de sus sonrisas? Desde mi punto de vista son unos motivados igual de tarados que los que nos disponemos a correr esos 42 kilómetros, y por eso, se merecen el mejor de mis prejuicios.  Agradecida.

Km11­_ Más de un cuarto ya conquistado ¡Qué el ritmo no pare!

Km12_ Al final de la calle un grupo de espectadores revolucionados gritan un nombre que no logro entender. La chica que corre delante de mí los reconoce y se acerca a ellos chocándoles las manos sonriendo. Una vez los deja atrás su sonrisa sigue adueñada en su cara. He sentido envidia sana.

Km13_ Debería lavar las bambas.

Km14_ La pareja de amigos de mi derecha se ha parado a mear entre unos árboles. Parece que no solo las chicas vamos juntas al baño 😉 Han dejado un gran silencio entre los  corredores que íbamos a su lado.

Km15_ De pronto, un chico que se encuentra varios metros por delante para y sigue caminando tocándose un gemelo. Intenta correr de nuevo pero unos metros después se detiene de nuevo retirándose del recorrido. Le sigo mirando disimuladamente mientras paso de largo y siento que intenta controlar sus lágrimas. Intuyo que era una lesión arrastrada. La tristeza de su cara me ha llegado, me he volcado tanto en poder disfrutar hoy que si algo me impidiera hacerlo sería un golpe duro.

Km16_ Me han invadido recuerdos y no he podido evitar pensar en cómo ha cambiado mi vida estos últimos meses. Me he sorprendido sintiéndome orgullosa de mi evolución personal. Ayer  me agobiaba ver cerrarse puertas en mi vida, hoy sentía una brisa que entraba por un inmenso ventanal.

Km17_ Oigo mi nombre a lo lejos.  Sabía que mi hermano no faltaría pero… ¡Está acompañado! ¡Mis primos han venido a verme! En mi familia somos bastante “descolgados” para estas cosas pero con ellos compartimos esta afición y nos une. ¡Cuánto necesitaba algo así! No tengo palabras.

Km18_ También la sonrisa se ha adueñado de mi cara. Qué bonita es Barcelona.

Km19_ Adelanto a un hombre que carga una enorme Torre Eiffel… “Johnny, la gente está muy loca”.

Km20_ Las piernas empiezan a pesar un poco. En algún momento tenía que empezar la decadencia. Controlo mis ansias.

KM21_ Media maratón. Me pregunto a mí misma si puedo hacer la otra mitad. Sí- pienso-   si logro controlar mi cabeza. ¿Por qué nadie me habló del esfuerzo mental?

Km22_ Paso por la calle de Javier, mi compañero de trabajo, me dijo que estaría pendiente. Lo veo en el giro de la calle mirando concentrado a los corredores, le saludo desde lejos y se vuelve loco dando ánimos durante los 5 segundos en los que me voy acercando hasta pasar de largo. “¡Eres una campeona!” – me grita. Se ha ganado un café.

Km23_ Pienso en Blanca, me dijo que no podría venir. La echo en falta. ¿Cómo estará Lidia? – “Confía en ti” – me dijo. Cómo sabe de qué pie cojeo…. Me sorprende ver a gente ya andando. ¿Piensan llegar así?

Km24_ Pienso en mis padres. Lo harás- me aseguró mi padre. ¿Por qué no vas a poder? Me decía mi madre ayer tras mi llamada histérica presa de los nervios. Confían tanto en mí que olvido durante un rato la opción de no conseguirlo.

Km25_ De pronto un chico con pantalones pitillos, camiseta de ACDC y una larga melena suelta se une a la marcha con sus zapatillas Vans. Sorprende a otro chico con coleta y repleto de tatuajes que corre delante, se saludan con un abrazo sin perder el ritmo. El intruso acompaña un rato a su amigo mientras le habla y 500 metros más tarde se despide de él dándole ánimos. Ha sido bonito ver esta estampa desde atrás. Seguro que ese chico no olvidará nunca este momento, yo tampoco.

Km26_ ¡Ánimo campeona! Me dice una voluntaria al coger la botella. – ¡Gracias!- Le respondo sonriendo.

Km27_ Noto un tirón en la planta del pie, intento seguir apoyando diferente y estirando un poco al mismo tiempo. Me asusto bastante, a veces este dolor me hace parar. Parece que desaparece poco a poco. Ahora cualquier tontería te puede joder la carrera.

Km28_ Estoy un poco aburrida. Me pesan las piernas un poco más. – ¡Muy bien Clara! ¡Hidrátate!- Me dice un señor mayor al tiempo que me reparte una botella de agua. Definitivamente me declaro fan de los voluntarios, me tienen conquistada.

Km29_ Me pongo recta. Creo que llevo un rato corriendo muy encorvada. Se quejan las rodillas.

Km30_ Escucho mi nombre y veo a lo lejos a mi hermano y mis primos otra vez. ¡Qué bien! Empezaba a necesitar otro chute de energía. Compartir una ilusión y sentir como empatizan y se vuelcan contigo es algo muy bonito. Se me nublan los ojos al dejarlos atrás.

Km31_ Siento que empieza un viaje a lo desconocido, kilómetros que nunca he vivido y sensaciones nuevas. Sin querer me planteo que ya solo me quedan 11 kilómetros. Fracaso en mi intento de auto convencerme de que queda poco.

Km32_ Aún me quedan 10 kilómetros y cada vez se me hacen más largos. Mucha gente andando.

Km33_ He perdido el control mental y me invade cada vez más la necesidad de llegar. El positivismo de la gente no encaja con mi estado anímico. Puedo aguantar el dolor que empieza a molestar pero me falta algo, ¿Dónde está esa fuerza que tenía hace un rato?

Km34_ Es eterno.

Km35_ Es eterno.

Km36_ ¿Será esto el tan temido muro?

Km37_ Recupero un poco la calma. No te ansíes- me repito por décimo quinta vez. La pesadez de las piernas no me permite sentirme tranquila y las pulsaciones están subiendo, bajo el ritmo.

Km38_ “Claro que puedes hacerlo,” me dijo mi hermano el día antes sin mostrar ningún tipo de duda. Me emociona que vea tanta fuerza en mí. Una lesión le ha impedido ser un friki más siguiendo la tan estimada línea azul y siento que ha volcado su ilusión en estar conmigo hoy. -Vamos Clara- me digo a mi misma – ¿Qué son cuatro kilómetros después de 38?- No cuela, aún me quedan cuatro kilometrazos.

Km39_ Las piernas me pesan lo que no está escrito. Siento que las zapatillas se pegan en el suelo por la cantidad de isotónico que hay en algunas zonas, me invade la paranoia que cada vez cuesta más despegarlas. ¿Estoy delirando?

Km40_ Me quedan dos kilómetros de subida, estoy muy cansada pero parece que mis piernas me obedecen, solo espero que de repente no decidan dejar de hacerlo. No las tengo todas conmigo.

Km41_ He perdido el control mental y las ansias por llegar hacen que estos kilómetros se me hagan eternos. ¡Eternos! Mis piernas no pueden mantener el ritmo, no les exijo, solo espero que aguanten.

Km42_ No intento recuperar la calma, la doy por perdida. La gente grita “¡Ya lo tenéis!”, “¡Ya es vuestro!” y yo aún tengo mis dudas. Queen me acompaña con “Don`t stop me now”  y por fin veo el arco de meta a lo lejos. Piso el número 42 que hay pintado en el suelo con rabia y cariño, cariño y rabia… no sé lo que siento.

Y 195 metros de crecimiento personal, de refuerzo, de autoestima, de fortaleza. 195 metros en los que por primera vez me dije a misma “¿Ves como sí podías hacerlo?” 195 metros que me enseñaron que cuando luchas por algo se te abre un camino. 195 metros en los que no pensé en esos 42 kilómetros que llevaba en las piernas si no en el compromiso,  la constancia, las batallas ganadas a la pereza y todo lo que conllevaba poder llegar hasta ellos. 195 metros en los que olvidé las dudas y las malas sensaciones. 195 metros de homenaje ¿A quién? A mí ¿Por qué? ¡Porque me lo merezco! Levanté las manos con la fuerza que me quedaba y mientras descubría que puedo lograr más de lo que pienso, que puedo romper muros y conseguir objetivos que un día veía imposibles, cruzaba esa tan deseada meta.

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Y aunque a ojos del resto fui una más en cruzar esa meta, para mí se paró el mundo  y, disculpad mi egocentrismo, me sentí única. Lo había conseguido. Y aunque en mi imaginación meses atrás esa meta la cruzaba pletórica e inmensamente feliz. Debo admitir que de pletórica nada, esa meta la crucé con algo de dolor, con el cuerpo castigado y una mente totalmente agotada, pero feliz, inmensamente feliz.

La distancia reina la llaman, impetuosa, elegante y deseada. Es buena y malvada a la vez,  te castiga si la infravaloras y te deja ser su amante si la sabes entender.  Nos volveremos a ver, lo tengo claro. Y le trataré de usted.

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11 Esos frikis que corren II

Todo lo que un día era la ilusión lejana de correr un maratón se ha ido transformando. Ya no es tan lejana y ya no es solo ilusión, también es cansancio, falta de tiempo, dolores, inseguridad, mucha inseguridad y miedo, mucho miedo.  No sabría decirte si esa transformación ha sido más bien dulce o amarga, quizá algo ácida. Sí, estoy en ese punto, el punto de ¿Quién me mandaría a mí?

Éste último mes me he llegado a plantear si mi vida está tan vacía como para dedicarle tanto tiempo a los entrenos. Llegar del  trabajo salir a trotar, llegar del trabajo hoy toca cambios de ritmo, salir del trabajo y 12 a ritmo alegre, y como no, domingo por la mañana tirada larga. Me completa los días pero cuesta mantener la motivación y no mandarlo todo a la mierda cuando llego muy cansada, cuando los del trabajo se van de cañas y yo ya me salté el entreno el día antes,  cuando están cayendo cuatro gotas pero yo veo un diluvio universal. Cuando ves que la vida de los demás no tiene esa obsesión por los minutos por kilómetro,  por los kilómetros semanales y por las semanas que quedan hasta el día en cuestión y a ti te gustaría poder olvidarlo aunque sea dos días. Los días que voy con Lidia se me hacen diferentes. Empezamos hablando y poniéndonos al día  y acabamos en silencio cuando ya parece que nos dejemos la vida para decir una frase ¿Sabes lo que es correr en silencio con alguien? Es confianza. Tan difícil de conseguir  como tu mejor marca.

Al principio me parecía fácil. “Es cuestión de organización” me decía a mí misma. No ha cambiado nada pero intentar cumplir con los kilómetros semanales y los ejercicios de preparación comienza a hacerse cuesta arriba. Se nota  la suma de kilómetros, la fatiga y hay días que más que una actividad lúdica y voluntaria parece un castigo. No entiendo a esos corredores que afirman estar tan enganchados que siempre tienen ganas de calzarse  las zapatillas y salir… Siento decepcionaros pero a mí eso no me pasa… A veces  tengo ganas y otras veces, que quede entre tú y yo, otras veces me apetece una mierda, así hablando claro. También a mí me parece incoherente que necesitemos sufrir un poco para sentirnos bien, llámanos raros, lo somos. Nos orgullece pasarlo mal un rato, madrugamos los días de descanso y nos gusta la sensación de piernas doloridas los lunes por la mañana. No es broma, nos hace sentir realizados ese  dolorcillo. Llámanos raros.

Tampoco entiendo a esos runners que le ponen “peros” a todo cuando no consiguen su objetivo. Siempre se delatan en la salida o en la meta de toda carrera popular. “He venido por venir  pero hoy no estoy fino”, “Me gustaría hacer marca pero he dormido fatal”, “Iba bien pero menudo viento los últimos 2 km…”, “Iba a apretar  al final pero no quise”,  “pero daban el agua en vaso…” ¿En serio? Queridos runners con “peros”… Es muy común levantarte  por la mañana y no estar al 100% y más si añades la sensación de haber dormido fatal, se llaman nervios, y nos pasa a todos pero hay que saber llevarlos y se empieza por reconocerlos. En cuanto al viento, créeme, no tiene nada personal contra ti, lo sufres tú, los de delante y los de atrás. “Intenté apretar al final…”, eso también me lo conozco, se llama quiero pero no puedo, vamos que pinchaste.  Mi “pero” es más genérico, se basa en tener el día o no. Vamos que puedo levantarme “poco fina”, sin haber dormido, encontrarme el viento de cara y beber el agua en vaso con el derramamiento y consiguiente empapado de ropa que conlleva y tener una carrera de puta madre. Por  otro lado, hay veces que me levanto pletórica y en el km 1 ya sé que el cuerpo no me acompaña, pues nada, tengo 9 km por delante para pensar en el “pero” que voy a poner al llegar a meta. 😉 ¿El circuito mal medido? ¿El sol de cara? ¿Flato? En realidad sí que los entiendo un poco a los runners con “peros”… un poco bastante.

Lo bueno de la preparación es que en el transcurso te cuelgas varios dorsales. No hay nada como pincharte cuatro imperdibles en la camiseta y cruzar una línea de meta para motivarte de nuevo y recordarte que es esa sensación la que buscas y te llena tanto. La última carrera que hicimos le dije a Lidia que fuera a su ritmo, llevaba unos días algo negativa porque había tenido una semana muy mala en el trabajo y me apetecía ir a mi aire. ¡Y menuda semanita! Me han cambiado de oficina sin darme opción y no me ha sentado nada bien. Me molesta que no tengan en cuenta mi opinión y como me puede afectar. – Es una oportunidad para crecer Clara- me dijo mi jefe. ¿Para crecer yo o él? Yo crezco con un ascenso y su correspondiente aumento de sueldo no con un ambiente laboral nuevo y desconocido. Mi  nueva oficina está llena de veteranos con poca motivación por su trabajo, vamos que me como un marrón detrás de otro y compañerismo poco por no decir ninguno. Cuánto daño hace el que trabaja quemado…  Y me enfada, me enfada el pensamiento de vamos a meter “a la motivada en la jaula de hienas a ver si se les pega algo” Y digo yo… ¿no será más eficaz meter a una hiena en un ambiente nuevo? Sí, lo sería, estoy segura, pero parece que los jefes les tienen pavor  a las hienas… No quiero detenerme mucho en esto porque aún lo estoy asimilando y quizá es una opinión precipitada pero no pinta muy bien.

 Volviendo a la carrera, Lidia pasó de mí petición y recorrió toda la carrera a mi lado, sin hablar, sin mirar, solo a mi lado. Conforme iba llegando a la mitad iba creciendo el ambiente por donde pasábamos, gente muy sonriente animándonos como si en nuestra carrera se les fuera la vida, como si llevaran dos horas esperando a que pasaras y de repente ahí estás. Incansables. Abuelos que salen a comprar el pan y sin quererlo ni beberlo ahí están aplaudiendo a los frikis que corren por su calle, familias que no dudan en nombrar  y alabar a todos los corredores que pasan mientras esperan a sus conocidos.  Niños y niñas que te chocan la mano y te hacen sentir alguien. Abuelas que te aplauden con cara de compasión porque vieron pasar a los primeros… hace mucho rato… Grupos  de amigos que no esperan a nadie pero les contagió el buen ambiente, mujeres que te aplauden más fuerte por ser mujer. El marido que espera a su esposa y cuando la ve pasar la aplaude como el que más, ella le saluda y sigue corriendo, él se queda embobado sonriendo. Madres que gritan a sus hijos “mira ahí viene papá” y los pequeños se ponen nerviosos buscando su cara entre la gente. Corredores que hoy no salieron pero saben a lo que sabe un grito de ánimo cuando las piernas empiezan a negarse. Ciclistas a los que la carrera les ha jodido el paso y esperan aplaudiendo a los que consideran compañeros. Corredores que ya llegaron y aún tienen fuerza para animar al resto. Miré a Lidia y sonreía. Me alegró tenerla al lado y compartir  ese momento. Necesitaba sentir de nuevo esa plenitud que da este deporte. Necesitaba olvidarme de la jaula de hienas. Quitarle importancia a quien no debe tenerla.  Necesitaba olvidarme de los minutos por kilómetro. Necesitaba recordar porqué  corro. Necesitaba un chute de buen rollo en vena que fuera directo a la sangre y bombeara por todo el cuerpo. Me sentó muy bien el apoyo de Lidia y la alegría que contagiaba la gente a través de las vallas. Me recordaron que hay gente buena, gente que se alegra por ti  sin conocerte, gente que aplaude tu esfuerzo sin entenderlo, gente que contagia entusiasmo, gente que da sin pedir nada. Y créeme, necesitaba que alguien me lo recordara. Gracias seres anónimos que os apuntáis a un bombardeo haga frío, haga calor, moleste el viento o el sol, gente sin “peros”, cuánto ayudáis sin daros cuenta.

 Gracias a todos, menos a los que en el km 3 dicen que ya queda poco, image4a esos no.

Y nos siguen preguntando  que  “Por qué corremos”. Corremos porque no nos enseñaron a volar (Marciano Durán)