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7 Una carta de despedida

Tú,

Entraste en mi vida de una forma tan sutil que un día abrí los ojos y ya formabas parte de la misma. Quizá si hubiera visto quién eras realmente y lo que provocabas en mí te hubiera invitado a que te fueras muy amablemente, pero cuando me di cuenta ya era tarde y era presa de la seguridad que me proporcionabas.

Confiaba en ti, confiaba tanto en ti que batallé mucho por mantenerte a mi lado, he ignorado críticas, te he defendido como a nadie, tanto, que no me costó alejarme de aquellos que no entendían que formaras parte de mi día a día. Yo me sentía bien a tu lado, sentía que me querías y que te preocupabas  por mí, sentía que  tus consejos eran sinceros, que tus caricias eran de afecto y que cuando me decías “para, eso no puede ser bueno” lo decías por mi bien, para evitar caídas, para evitar frustraciones. Me gustaba como me tratabas, me hacías sentir especial.

Ha sido duro despertar y darme cuenta del daño que me estabas haciendo, de que me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser. Ha sido duro descubrir la mentira en la que vivía y ver que tu única intención era dominarme. ¿Por qué? Porque sí, porque era lo único que sabías hacer. Me hacías creer que contigo estaba segura, que eras bueno para mí y que tenía suerte de tenerte. Cuantas puertas me cerré por ti, cuantas oportunidades perdidas, cuantas ilusiones frustradas, cuanta energía, cuanta vida perdida en esa relación. Culpa mía no darme cuenta antes, culpa mía no sacar valor para seguir sola.

Disculpa el resquemor que desprende mi carta y espero que entiendas la necesidad que tengo de sentirte lejos, bien lejos. Necesito levantarme, necesito crecer, necesito seguir adelante y con tu presencia es imposible.

Adiós amigo MIEDO, voy a intentar seguir sin ti.

Clara   FullSizeRender (4)

 

 

 

mod 1 - copia

2 Por favor, llamen a un exorcista…

  • Buenos días, ¿Cómo éstas?

Pues mira, ya que lo preguntas, estoy hecha  una mierda. Ya iba yo un poco perdida por la vida y va y me deja el novio, no lo llevo muy bien que se diga. Me cuesta dormir más de dos horas seguidas, tengo el estómago cerrado y no tengo ganas de hablar con nadie. Me paso mi tiempo libre en casa: ¿Haciendo qué? Haciendo nada. Pero es lo único que tengo ganas de hacer, nada. Le hubiera contestado ésto pero…

  • Bien, gracias. Póngame una de cuarto, por favor.

 

Ha sido un mes duro. Agradezco no haber tenido a nadie detrás que me empujara a hablar o hacer cosas. He tenido la inmensa necesidad de estar sola, de no hablar si  no me apetece, de no comerme el plato entero si “no me entra”, no coger el teléfono y mentir con un simple “estoy bien no te preocupes”, no quería nada de todo eso. Por ello, gracias mamá por los tuppers pero lo siento, no me cabía tanto amor en forma de comida y se me han puesto malos la mitad, estoy preparada para que me digas “estás demasiado delgada” cuando me veas. Gracias papá por enviarme fotos chorras y chistes malos al móvil a pesar de saber que no me iba a reír con ninguno, pero has estado ahí. Es cierto que recibir llamadas de mis más allegados me ha dado una dosis de fuerza y ternura que he necesitado. Es cierto que no les he cogido el teléfono, pero ya sabía para que llamaban y ellos sabían lo que les iba a decir: “Estoy bien, no te preocupes” y ellos me dirían “el tiempo lo cura todo”, “tu vales mucho” y “eres muy fuerte”. Si me vieran tirada en la cama con los ojos hinchados y rojos y un pesimismo que se puede tocar, no se atreverían a decirme todo eso, sería más un… ¿Llamamos a un exorcista?

En algunos momentos no he tenido fuerzas para hablar sin lmod 1 - copia 1lorar a moco tendido cada vez que pronuncio su nombre, que recuerdo situaciones, que entro en casa, que sin querer hablo en plural, que veo el mando de la tele, que me rasco un codo, que veo el microondas, que me rasco la nalga, que compro pan, que se me cae el café,  que veo una serie, que cambio de canal, que me rasco la nalga otra vez, que miro el teléfono. ¡Aix! Mirar el teléfono que duro es…

Mi amiga Lidia se encargó de que él hiciera la mudanza lo antes posible, yo estoy todo el día en el trabajo y no quería que esto se alargara más de la cuenta, más adelante ya cerraré todo lo que queda. Las primeras semanas Lidia no ha osado en preguntarme nada sobre lo que ha pasado, quién ha tomado la decisión, cómo hemos acabado… ¡Nada! Lidia, mi caucásica preferida como yo la llamo, mi querida Lidia, que dura es a veces, y como me gusta que sea así. Ya ha usado esta técnica en otras ocasiones, son las “Bases para la estabilidad emocional de Lidia”. Ésta la explica así: “Yo no merezco tener que vivir el primer mes de ruptura de nadie, no se dice ni se hace nada con sentido y toda conversación con la víctima es incoherente y aburrida para el oyente”, ella es así de “cariñosa”. Hay gente que no ve más allá y solo encuentra en ella la frialdad personificada, es cierto, es fría pero yo me pregunto, y créeme, lo he hecho varias veces: ¿Qué  prefiero? Alguien que me acompañe en mis lamentos  y sin querer me anime a seguir revolcándome entre mi propia pena o alguien que me mantiene despierta y amenaza con darme un “soplamocos” si caigo. Vale, son necesarias las dos, pero de las segundas quedan pocas, ¡Tenemos que cuidarlas como al lince ibérico por Dios!

El Señor Facebook me sigue preguntando en qué pienso. ¡Menudo h*** de p***! En eso pienso, ¡En un grandísimo h*** de p***! Lamento ser tan mal educada pero me estoy permitiendo odiarle, así lo llevo mejor. Y este señor, si se le puede llamar así, además de preguntarme cada vez que me conecto “¿En qué estás pensando?”, me cuenta y me enseña lo bien que se lo está pasando el susodicho con los amigos, es aquí cuando te enfrentas al poco tacto de una red social. Deberían programarlo de tal forma que si Fulanito ha cambiado su estado de “relación con Fulanita” y ha puesto “soltero”, ¡¡Coño!! ¡¡No dejes que Fulanito y Fulanita sigan siendo amigos!! Deberían restringir esa conexión durante cierto tiempo. Y tú estarás pensando que es tan fácil como que Fulanita elimine a Fulanito de su lista de amigos, por ejemplo. Yo, en nombre de Fulanita, te digo: No puedo. Lo he intentado pero no puedo, una fuerza desconocida me lo impide… Me gusta auto flagelarme, ¿Algún problema? ( *_* )

Me cuesta afirmarlo pero estaba en la fase de “verte feliz no me hace feliz, verte feliz me da rabia”. Lo típico de “te deseo lo mejor”, una de las mentiras más utilizadas en esta fase de reconstrucción, ¡Qué mentira más grande! ¿Te deseo lo mejor? Lo que te deseo es que te ataque un virus en el intestino y te pases un mes con diarrea sin poder alejarte dos metros de un váter, eso me ayudaría un poco a sobrellevar la situación.

Sigue doliendo.

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1 Sobre mí

Mi nombre es Clara, ya he cruzado la barrera de los treinta y no tengo nada de aquello que la sociedad insinuó que me haría feliz: no tengo “el trabajo de mi vida”, no estoy casada, vivo de alquiler y no tengo hijos. No me suelen preocupar los convencionalismos sociales pero coño, ¡No doy ni una!

Según Wikipedia el año en que nací fue “un año normal comenzado en martes”, “el año del buey en el horóscopo chino” y declarado el año “Internacional de la Juventud” por la Organización de las Naciones Unidas. Para mí, el año en que Shigen Miyamoto lanzó al mercado el personaje de Mario Bros, un fontanero barrigón con el que me siento muy identificada en ocasiones.

Me hubiera gustado que mi presentación fuera diferente, algo bonito, con  buen rollo y optimismo, de esas que cuando las lees piensas: “¡Qué tia!”, “¡Qué personalidad!”, “¡Qué claro lo tiene todo!”. De esas personas que o admiras o te dan rabia. Disculpa si te decepciono pero soy una chica bastante corriente, de las que lloran y se les hinchan los ojos, de las que se equivocan, de las que se preocupan por nada, que hacen mucho de un poco y estallan cuando cae la última gota y rebosa el vaso. De las que aprenden de los errores, de las que necesitan hablar para desahogarse, de las que quieren tantas cosas en la vida que no saben lo que quieren. Y como no, de las que se han caído tantas veces, que saben que levantarse es la única opción y solo es cuestión de tiempo y actitud.  No obstante, te puedes meter en mi perfil de Instagram y verás mi vida en “versión feliz”. Mi vida en Instagram es genial, siempre estoy activa, soy bastante natural, creativa y siempre tengo sentido del humor. Pero oye, ¿A quién no le gusta ponerse filtros y dar una versión bonita en las redes sociales? ¿La realidad? Llevo  más de un año convertida en una Zombie a lo Walking Dead y me ha tenido que dejar mi pareja para darme cuenta de que mi relación hacía tiempo que estaba muerta.

Ya puedo decir oficialmente que estoy soltera, que vivo sola en un piso situado en un barrio relativamente tranquilo en Barcelona, y que en estos momentos cuando el señor Facebook me pregunta ¿En qué estás pensando? Me parece un “metomentodo” que lo único que quiere es meter el dedo en la llaga, y consigue sacarme unas lágrimas.

Se venía cociendo unos meses atrás y era de cajón que cuando una pareja ya no funciona el que está más fuerte suele dar el paso, yo en esos momentos era de todo menos fuerte… y duele… ¡Cómo duele! A pesar de que se veía venir, me cegué pensando que todo cambiaría, típica jugarreta que te gastan los sentimientos. Nota mental: Cuando algo te dice que la cosa no va bien… Confía más en la razón que en el corazón, éste último suele perder la cordura. Pasa mucho, nos encabezonamos en buscar el camino de la felicidad por el “camino derecho” y día tras día te vas dando cuenta de que no es por ahí, pero sientes que es tarde para desandar lo andado, que probar otro camino ahora no es lo que toca, que tú quieres seguir por el derecho  no sabes porque, pues porque: “Por mis huevos”, si empecé por el camino derecho,  ¡acabaré por el derecho! Y así somos, y luego nos preguntamos ¿Qué he hecho yo para acabar así? -¿Qué, que has hecho? No escucharte y seguir por el camino derecho, ¡gilipollas!

Me gustaría contarte algo más de mí pero en estos momentos mis pensamientos se han convertido en mis peores enemigos y no hacen más que recordarme la gran frase, LA FRASE, que según él respondía a todos mis “porqués”. Ese conjunto de palabras ordenadas sintácticamente con el objetivo de dar, en este caso, un sentido triste y doloroso que me iba a cambiar la vida; “Clara, es lo mejor para los dos, espero que lo entiendas”. ¿Qué si duele? Como si te quitaran una muela sin anestesia, con un tirón brusco para sacarla y al no poder salir de golpe te van  tirando de vez en cuando intentando arrancarla definitivamente, pero no quiere salir y siguen tirando… ¡Ya paro! Vale, no me duele tanto, pero me duele diferente.

Aquí te he dejado un trocito de mí y de mi vida. Dame tiempo que la herida aún escuece, pero me levantaré no lo dudes, ya lo he hecho otras veces.  ¿Me acompañas?  principal