Tengo mono. He estado 5 años drogándome y ahora lo he dejado (bueno la droga me ha dejado a mí, ya sabes). He leído varios estudios que demuestran que el amor  provoca un aumento de sustancias placenteras a las que nos vamos acostumbrando durante la relación pero tras disminuir las mismas tras una ruptura nuestro cuerpo necesita un periodo de habituación como en las adicciones. Lo dicho, que tengo mono pero no hay metadona para mí. También se ha comprobado que ser rechazado activa unas zonas del cerebro relacionadas con la experimentación del dolor físico. Así que encima de que tengo mono, mi dolor no es sólo psicológico también es real pero para el mundo tan solo me ha dejado el novio.

Necesitamos 3 Voll Damms para romper la condición de “no sacar el tema” que yo misma había puesto para quedar a tomar algo:

  • ¿Pero por qué no me dijo que ya no me quería en su momento? ¿Por qué me ha dejado caer y pasarlo mal?
  • Frena tía. ¿Qué eres? ¿Una marioneta que te van moviendo? ¿No eres dueña de tu propia vida?
  • Joder Lidia. ¿Te estoy rayando verdad?
  • No ¿Te molesta lo que te he dicho?
  • No pero no sé, no me ayudas.
  • Clara, ¿En qué te puedo ayudar?
  • No sé, déjame que hable, que suelte la mierda por algún sitio, yo que sé.
  • Que ganas de perder el tiempo Clara.
  • Lo siento Lidia, solo necesito algo de apoyo.
  • Está bien, puedo decirte lo que quieres oír. Que sí, que es un grandísimo h*** de p***, que no te ha querido nunca. Ha aguantado 5 años contigo solo para disfrutar de tu apartamento en Torremolinos, del piso de tus padres en Andorra, del yate que siempre te dejan no sé qué amigos en la Costa Brava y el arroz con Bogavante que prepara tu mayordomo cada domingo. Y una tarde cuando se cansó de todo ésto te dice que se va a comprar tabaco pero… ¡Pero si no fuma! ¡Qué cabrón! ¡A la horca!
  • Jajaja, ya sé que no es así pero…
  • Clara, no te engañes. Buscas un culpable y no lo hay. Yo creo que vuestra relación se desgastó, os quedasteis bloqueados en una rutina y quizá tú fuiste la que sin darte cuenta adquirió una actitud más débil pero tú mejor que nadie sabe que “vuestro cajón de mierda” ya se abría hace tiempo. Yo creo que los dos sabíais que ya no avanzabais pero tu estabas débil y adquirió él el valor para dar un paso adelante y éste gesto ha hecho que sientas que te  ha dejado, no seas tan superficial Clara, no todo se resume en como o quién pone el final. Lo importante es que ahora lo ves desde fuera y eso es bueno, ya no estás jugando esa partida, esa partida ya terminó. La guerra ha terminado querida y tú estás viva, eres una superviviente.
  • Me he perdido en la guerra. ¿Qué ha pasado con la guerra?
  • ¡Qué ha acabado!

A mí me dolía lo que me decía Lidia y ella lo sabía, pero siempre hemos ido a degüello, ¿Herida abierta? Desinfecta con alcohol. ¡Aunque pique! ¡Aunque te salten las lágrimas! Como siempre nos han dicho desde pequeños. ¿Escuece? Eso es que está curando. Pues debe estar curando mucho oye, porque no veas como pica.

Lidia no lo sabe, pero entre las cervezas y las mil vueltas que le dimos al tema aquella noche, me fui a casa con un nudo en el pecho que me obstruía de tal forma que dudé si era normal. Rompí a llorar en el vagón del metro sin poder disimular, necesitaba hacerlo. La inercia hizo que intentara secarme  las lágrimas restregando las manos por la cara y… ¡El maquillaje! Ahí estaba yo, rímel y eyeliner corrido por toda la cara y pintura de labios extendida en los morros. Era como un oso panda con los labios pintados por su bebé panda, esa era yo, una madre panda sollozando en el metro. Creo que el alcohol ayudó a que me resultara algo indiferente que la gente me mirara. Se sentó a mi lado una mujer mayor quién sin preguntarme nada me dio un Kleenex. Cuando llegó su parada se levantó y cariñosamente puso su mano sobre mi hombro y me dijo “lo siento” en tono de… ¿En tono de pésame?

  •  No señora, sólo me ha dejado el novio -le dije con cara avergonzada-.
  • Me alegro entonces, aunque es un luto para ti igual, pero de los lutos bonitos, los que te invitan a vivir.

Se bajó del vagón guiñándome un ojo con el mismo cariño con el que me dio el pésame. ¿Un luto bonito? ¿Lutos que te invitan a vivir? Nunca me había planteado que la palabra luto y vida o bonito pudieran encajar en la misma frase y lo cierto es que no era ninguna tontería. Saqué el móvil para evitar las miradas del resto de viajeros que quedaban en el vagón, quiénes ahora sabían que mi aspecto de “mamá panda” era porque me había dejado el novio, pero también sabían que estaba de luto, de esos lutos bonitos… Pero de luto.IMG_4807 - copia (2)

Sigue doliendo y encima tengo mono pero no puedo seguir así, mamá panda empieza a tener ganas de quitarse el luto.

3 comentarios en “3 Mamá panda tiene mono

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